La menopausia no te avisa cuándo va a atacar. Estás en el trabajo, concentrada en una reunión importante, y de repente sientes ese ardor familiar. Estás en el gimnasio, disfrutando de tu rutina de ejercicio, y el dolor te obliga a parar.
Estás simplemente sentada en el sofá y, sin razón aparente, tu cuerpo te duele. Esta impredictibilidad es lo que más te desconecta de ti misma. No puedes planificar. No puedes prepararte. Tu cuerpo simplemente hace lo que quiere, cuando quiere, y tú estás atrapada siendo una pasajera en un vehículo que ya no controlas.