¿Por qué sucede esto? Durante la menopausia, la caída en picada de los niveles de estrógeno roba al tejido vaginal su colágeno y su flujo sanguíneo. Imagina un muro de ladrillos grueso y resistente que, de repente, pierde todo su cemento.
El tejido pasa de tener docenas de capas protectoras a tener solo unas pocas. Se vuelve pálido, seco y extremadamente vulnerable a la fricción. Aplicar cremas hidratantes externas es como rociar agua sobre hojas secas: da un alivio de cinco minutos, pero no soluciona el problema estructural subyacente.