"Tranquila, si te duele paramos". Es una frase dicha con amor, pero que se clava como un puñal en tu autoestima. Cuando la menopausia trae consigo la sequedad íntima, la dinámica en la habitación cambia drásticamente. Tu pareja empieza a tratarte como si fueras de cristal. Cada movimiento es calculado, cada caricia viene acompañada de un "¿estás bien?".
Y aunque agradeces su comprensión, en el fondo, te rompe el corazón. Porque no quieres ser tratada como una paciente frágil. Quieres ser deseada, quieres pasión, quieres perder el control sin tener que dar un reporte médico en medio del acto.