No se lo dices a nadie. Ni a tus amigas, ni a tu hermana, y muchas veces, ni siquiera a tu pareja. Cuando él se acerca, tu primer instinto ya no es la emoción, es el cálculo. "Si empezamos ahora, ¿cuánto me va a doler?". Esa tensión en el pecho, esa forma en la que tu cuerpo se pone rígido automáticamente... eso es ansiedad anticipatoria.
Y es la realidad silenciosa de millones de mujeres que atraviesan la menopausia. Has llegado al punto en que prefieres fingir que estás dormida o inventar una excusa, no porque hayas dejado de amarlo, sino porque la fricción que antes era placentera ahora se siente como papel de lija.